Reykjavik Underground: Penes, Punk y Sopa de Lava
En esta guía no vamos a llevarte a comprar imanes de frailecillos ni a pasear como un borrego. Vamos a destripar la cara B de la capital más septentrional del mundo. Empezaremos desafiando al viento del norte en la cima de Hallgrímskirkja, para luego bajar al inframundo urbano siguiendo el rastro de mantequilla quemada de Brauð & Co y meternos en un antiguo baño público subterráneo que hoy es el Museo del Punk más claustrofóbico y genial del planeta. Olvídate de los restaurantes con manteles blancos. Te sentarás en bancos de madera corridos en una barraca del puerto para comer la legendaria Sopa de Langosta junto a viejos pescadores, y desafiarás a tu estómago probando el tiburón fermentado. Caminarás por dentro de un iceberg de cristal psicodélico llamado Harpa y te reirás de la biología en el infame Museo Falológico (sí, el de los penes), porque aquí el humor es tan negro como la lava. Exploraremos el distrito industrial de Grandi, donde las fábricas de pescado se han convertido en laboratorios de chocolate y heladerías experimentales. Nos colaremos bajo tierra para ver las ruinas reales de la primera casa vikinga, enterrada por una erupción, y entenderemos que vivir aquí siempre ha sido un deporte de riesgo. Pero no todo es caos. También buscaremos el éxtasis. Subiremos a la cúpula futurista de Perlan para dominar la ciudad con la vista y acabaremos el día huyendo de las trampas para turistas en el Sky Lagoon. Imagina una piscina infinita de agua geotermal que cae directamente sobre el Océano Atlántico Norte, con una copa en la mano, viendo cómo el vapor se funde con la niebla. Es el momento en el que te das cuenta de que esta isla te ha atrapado para siempre. Esto no es turismo, es infiltración. Prepárate para caminar, comer, beber y flipar. Reikiavik es cara, es fría, es rara y te va a volar la cabeza. Bienvenido a la capital más loca del norte. Te meterás en un antiguo baño público subterráneo que ahora es el Museo del Punk (sí, en serio), caminarás por dentro de un iceberg de cristal llamado Harpa y te comerás la mejor Sopa de Langosta del mundo en una barraca de pescadores del puerto viejo. Y sí, si te atreves, visitaremos el infame Museo Falológico (el de los penes). Porque hemos venido a jugar. Para cerrar, huiremos de las trampas para turistas para sumergirnos en el Sky Lagoon, la piscina infinita sobre el Atlántico Norte donde se ve atardecer con una cerveza en la mano. Reikiavik es cara, es fría y es rara. Y te va a encantar.